CATALINA DE LOS RIOS (LA QUINTRALA)

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    Eternity
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    CATALINA DE LOS RIOS (LA QUINTRALA)

    Mensaje por Eternity el Jue Jul 02, 2009 9:16 pm

    Corre la primera mitad del siglo XVII en las tierras de Chile. Época
    de continuas sublevaciones araucanas en el sur del país y de crisis de
    la administración colonial. El gobierno virreinal de Lima afronta
    graves dificultades para imponer el orden en la provincia chilena. Con
    la autorización del rey, se intenta poner en práctica la política de la
    “guerra defensiva” propugnada por los jesuitas, que busca establecer
    una tregua y diálogo con los araucanos alzados. Santiago de Nueva
    Extremadura cuenta con pocos miles de habitantes, la mayoría de ellos
    indígenas, mestizos y africanos ocupados en tareas de servicio
    doméstico en las casonas de criollos y españoles. El poder interior es
    ejercido por dos grandes familias, una de las cuales, los Lisperguer,
    constituye un ejemplo fundacional de las posibilidades de hibridación
    étnica y cultural en las colonias. Pedro Lisperguer, alemán y ex paje
    de Carlos V, el fundador de la casta, se había casado con doña Elvira,
    princesa mapuche de Talagante, propietaria de enormes extensiones de
    tierra en el Chile central, y Águeda, una de sus hijas, se unirá en
    matrimonio con Bartolomé Flores, dando origen así a una de las mayores
    fortunas del reino.

    Catalina de los Ríos y Lisperguer (1604-1665), hija de Catalina
    Lisperguer, nieta de Águeda Flores y biznieta de Elvira de Talagante,
    reivindicará, dicha ascendencia híbrida a través de la estrecha alianza
    con su criada machi, depositaria de las tradiciones religiosas
    chamanísticas del pueblo mapuche. Catalina, llamada Quintrala por el
    arrebatador rojo de sus cabellos, fue juzgada implícitamente por
    brujería, su destino como presunta hechicera es inseparable de la
    sombra de su congénere autóctono.

    La censura impuesta durante tanto tiempo a la historia de Catalina
    tiene fácil explicación en una sociedad patriarcal y ferozmente
    patrimonial como la chilena. La Quintrala no encarnaba sólo una figura
    secundariamente femenina de una gran familia principal: fue ella misma
    propietaria y jefe de una rama de la estirpe fundadora del futuro país.
    Era entonces necesario confinar la leyenda de una “Catalina la Loca”.

    Desde muy joven, la existencia de Catalina revela un drama
    doméstico. Rechaza la autoridad del padre, estrecha alianzas y
    amistades con indios y criollos indeseables, se refugia en el seno de
    su nana indígena con la que oficia sahumerios y ensalmos y prepara
    alambiques y conjuros, defiende con denuedo a su madre, también acusada
    de brujerías, de la violencia patriarca. “Yo no quiero en mi casa
    hombres que me pongan mala cara”, es frase que pone la tradición en
    boca de una joven precoz y autoritaria, capaz ya en la adolescencia de
    maltratar a sus esclavos y desordenar la jerarquía familiar y social. Y
    sobre todo de jugar cruelmente con los incautos amantes, hasta hacerlos
    desaparecer de la faz de la tierra con la complicidad de su machi
    araucana. Su figura se tambalea entre una heroica feminista así como
    una cruel asesina.

    Esta doña Catalina mató a su padre con veneno que le introdujo en un
    pollo que preparó ella misma con todo el cariño cuando su padre estaba
    enfermo.

    La primera grave acusación contra Catalina de los Ríos provoca un
    pánico y acaba por dividir a la sociedad santiaguina. El odiado Gonzalo
    de los Ríos muere tras enormes sufrimientos y la sospecha, la certeza,
    de la autoría del delito da lugar a un bullado proceso en el que
    Catalina y la familia Lisperguer son defendidas y protegidas por las
    más altas autoridades limeñas gracias a los lazos de parentesco con el
    presidente de la audiencia virreinal. Amada y deseada por muchos
    hombres, odiada por la fracción opuesta de la buena sociedad e incluso
    por una parte de su propia familia, la Quintrala ha transmitido a la
    posteridad una imagen contradictoria. A lo largo de su vida fue acusada
    de asesinar a varios amantes con la complicidad de ritos hechiceros y
    más tarde de maltratar y asesinar a sirvientes y esclavos,
    especialmente en el período que se abre tras su casamiento y reclusión
    en la hacienda de La Ligua.

    El primer proceso a la Quintrala no conoce sólo el asunto parricida,
    puesto que desde el comienzo se interpone la cuestión de los “duendes”.


    Sin embargo este proceso, como todos los posteriores a los que fue
    sometida Catalina a lo largo de casi medio siglo, no estaba destinado a
    acabar rápido. En primer lugar, como se ha dicho, porque se trataba de
    querellas contra un poderoso, miembro de una familia principal que
    contaba con muchas cartas a su favor, pero, además, porque las
    acusaciones de brujería nunca pudieron ser sistematizadas y
    explicitadas, por tratarse de materia demasiado delicada en relación
    con este personaje y su entorno.



    Se sabe que en una ocasión arrojó desde su casa un Cristo tallado en
    madera, que según ella la miraba con lástima mientras azotaba
    cruelmente a algún esclavo. Los padres agustinos, que tenían su iglesia
    al lado de la casa de La Quintrala, lo recogieron y lo pusieron en el
    altar donde permanece hasta hoy. El 13 de mayo de 1647, cuando un gran
    terremoto azotó la región, sucedió algo realmente extraño: la corona de
    espinas que el Cristo tenía sobre su cabeza, cayó hasta su cuello,
    hecho que lo bautizó como el Cristo de Mayo o Señor de la Agonía.
    Catalina de los Ríos y Lisperguer murió el 15 de enero de 1665 y fue
    enterrada en la misma iglesia de San Agustín.

    Casi toda su fortuna fue legada en beneficio de su alma, para ser
    rescatada del purgatorio. Estableció que se dijeran 20 mil misas, para
    lo que dispuso 20 mil pesos.

    En los días siguientes a su entierro, debían oficiarse otras mil
    misas, y también mandó se dijeran 500 misas más, esta vez por las almas
    de los indígenas que habían fallecido debido a sus malos tratos.

    Mediante otras disposiciones, favoreció a algunos parientes y amigos
    cercanos. Por último, legó 6 mil pesos al Señor de la Agonía o Cristo
    de Mayo, para seguir realizando la procesión expiatoria de los días 13
    de mayo, cuando se recordaba el terremoto acaecido en esa fecha. Sus
    funerales fueron realizados con una ostentosa pompa, que incluyó mil
    cirios para la iglesia. Ataviada con el hábito de San Agustín, fue
    enterrada en el templo de esa orden.


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    Kelevra
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    Re: CATALINA DE LOS RIOS (LA QUINTRALA)

    Mensaje por Kelevra el Lun Jul 13, 2009 3:05 pm

    Una mujer contradictoria, para algunos una heroina y para otros una cruel asesina, yo me decanto más por lo segundo indignado .

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